Generación Z: el reto de Recursos Humanos no es juzgar, sino formar

  • Para América Latina y el Caribe, se estima que la Generación Z representará alrededor del 25% de la población hacia 2030, de acuerdo con datos de Nielsen. Esto tiene implicaciones enormes para el mercado laboral, el consumo y la política pública. 
  • El 74% de los gerentes dice que los Centennials son los más desafiantes para trabajar.

POR Redaccion, 10:09 - 12 de Enero del 2026
Generación Z: el reto de Recursos Humanos no es juzgar, sino formar

El principal reto que enfrentan hoy las áreas de Recursos Humanos frente a la Generación Z —que comienza a ocupar un lugar central en la conversación laboral no solo por su peso demográfico, sino por la forma en que está reformulando la relación con el trabajo— es dejar de juzgar y empezar a formar.

Así lo plantea Melhina Magaña, cofundadora y Managing Partner de Daucon, quien subraya que la Generación Z requiere entrenamiento, rigor, disciplina y aprendizaje profundo. Se trata de un grupo caracterizado por su rapidez, su dominio digital y su capacidad resolutiva, pero que necesita entornos estructurados para desplegar plenamente su potencial.

Las organizaciones tienen un compromiso social con la formación de los futuros profesionistas. No se puede liderar desde la superioridad moral ni desde el sesgo. Existe un fenómeno conocido como el ‘efecto Golem’: si creemos que alguien no es capaz, terminamos creando las condiciones para que efectivamente no lo sea”, advierte.

En ese sentido, enfatiza que, si se aspira a formar a los líderes del futuro, hoy se requieren líderes dispuestos a sentarse, enseñar, acompañar y retar a esta generación. “Solo así podremos transformar su enorme potencial en impacto real y sostenible, afirma.

Magaña explica que cada generación redefine sus propios códigos de reconocimiento y éxito. Mientras que la Generación X asoció el prestigio al estatus material —poder, dinero y bienes visibles— y los millennials incorporaron la narrativa de las experiencias, la Generación Z vuelve a resignificar este concepto, al priorizar el reconocimiento entre sus pares más que la validación de generaciones anteriores.

El contraste es evidente. Los millennials atravesaron una etapa marcada por el consumo intenso y una narrativa que oscilaba entre “vivir para trabajar” o, en su versión más contestataria, “no vivir para trabajar, pero vivir intensamente”. La Generación Z, en cambio, está construyendo su propio discurso y su propia relación con el mundo laboral.

Para la experta, los centennials no necesariamente buscan trayectorias largas en una misma organización. Frente a esta realidad, las empresas deben avanzar hacia modelos más transparentes, donde la movilidad no se interprete como una traición, sino como parte natural del ciclo laboral, siempre que se deje valor: procesos mejorados, aprendizajes transferidos y resultados claros.

“Es fundamental mirar a la Generación Z desde la empatía y no desde la lástima. Se trata de un grupo que creció hiperexpuesto a la tecnología, con infancias y adolescencias mediadas por pantallas, redes sociales y algoritmos altamente adictivos, además de haber atravesado etapas clave de socialización durante la pandemia. Todo ello ha impactado su salud mental, sus habilidades sociales y su forma de relacionarse con el entorno”, señala Magaña.

Ante este escenario, el llamado es a ejercer un liderazgo exigente, pero profundamente respetuoso. Cuidar no implica ser permisivos. Exigir, disciplinar, estructurar y retar es, en este contexto, una forma de honrar la grandeza y el potencial de una generación que no solo será mayoría, sino que tendrá en sus manos el futuro del trabajo, de las organizaciones y de la sociedad en su conjunto.

El reporte Gen Z: Reinventando el Trabajo, desarrollado por Daucon —firma de consultoría especializada en alto rendimiento—, identifica cinco prácticas clave para elevar el desempeño y la retención en equipos jóvenes:

  • Objetivos y expectativas más claros que nunca: qué se espera, cómo se mide y qué significa un trabajo bien hecho.
  • Retroalimentación frecuente y directa: constante, honesta y con estándares claros, dentro de una relación de respeto.
  • Liderazgo entendido como formación y no como estatus: el ejemplo pesa más que el título.
  • Rol de co-regulación: contener, orientar y reencuadrar ante el estrés, sin abdicar de la exigencia.
  • Mentoría inversa como sistema: los jóvenes aportan velocidad tecnológica y adopción de IA; las generaciones con mayor experiencia contribuyen con rigor, profundidad, estructura y criterio.

Para cerrar, Magaña es contundente: “Cuidar no significa ser permisivo. Cuidar significa formar. Honrar a alguien es retarlo: exigir su grandeza y sostenerlo con estructura”

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