La capacidad de América Latina para capitalizar esta transformación y transformar la economía, dependerá de qué tan rápido logre cerrar la brecha entre adopción tecnológica y desarrollo de talento.
Aunque estimaciones de Meta proyectan que la inteligencia artificial (IA) aportaría hasta 1 billón de dólares a la economía de América Latina hacia 2038, este potencial enfrenta un obstáculo clave: la escasez de talento especializado. Sin capital humano suficiente, la adopción tecnológica corre el riesgo de quedarse en una capa superficial, sin traducirse en productividad ni crecimiento sostenido.
Datos de Codifin, empresa especializada en la conformación y gestión de equipos tecnológicos, indican que más del 60% de las compañías con procesos de digitalización en marcha tiene dificultades para cubrir vacantes en áreas como desarrollo, analítica y automatización. A esto se suma una brecha estructural más profunda: entre el 80% y el 90% de las organizaciones identifica una desconexión entre la formación educativa y las habilidades que demanda el mercado laboral.
El rezago se vuelve más crítico en un contexto donde la IA ya forma parte de la vida cotidiana y de múltiples procesos empresariales, pero su enseñanza aún no está integrada de manera estructural en los sistemas educativos.
“El problema no es la falta de interés por la tecnología, sino que el talento no se está formando al ritmo que exige el mercado. La adopción de la inteligencia artificial avanza mucho más rápido que la capacidad de empresas y personas para adaptarse”, señala Mario Emilio Beteta, director de Estrategia y Crecimiento de Codifin.
De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la región concentra el 14% de las visitas globales a plataformas de inteligencia artificial, pese a representar solo el 11% de los usuarios de internet. Es decir, el interés y la adopción avanzan por encima de su peso digital. Esta dinámica contrasta con su participación en el desarrollo tecnológico, ya que América Latina recibe apenas el 1.12% de la inversión global en inteligencia artificial.
En el ámbito de reclutamiento, el 72% de las vacantes tecnológicas se cubre sin que el título universitario sea un requisito determinante; sin embargo, el 100% exige pruebas técnicas. El dominio de inteligencia artificial puede elevar los ingresos hasta en 137%, o incluso hasta 250% cuando se combina con el manejo del inglés.
“La brecha salarial responde directamente al nivel de especialización. Un perfil generalista puede acceder a oportunidades, pero quienes desarrollan habilidades tecnológicas avanzadas pueden duplicar o incluso triplicar sus ingresos en poco tiempo”, concluye Beteta.
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