Aunque un equipo parezca estable en términos de resultados, al mismo tiempo, puede experimentar pérdida de entusiasmo, menor iniciativa e interés limitado por nuevos desafíos, síntomas que reflejan un agotamiento emocional que no siempre se traduce en bajo desempeño inmediato.
A decir de Pandapé, la desconexión suele comenzar en silencio. Falta de reconocimiento, exceso de tareas o un liderazgo distante pueden desencadenar desgaste emocional y mental, especialmente en equipos altamente demandados o expuestos a cambios constantes.
Para Haydeé Jaime, Content Strategy Manager del software de Recursos Humanos, “No se trata de renuncias ruidosas, sino de señales sutiles que anticipan desconexión emocional, desgaste silencioso y, eventualmente, una salida inevitable. Pero antes de irse, el talento puede tener baja energía, menor participación, pérdida de sentido”.
Cuando el talento se siente desconectado, pierde sentido de propósito y pertenencia, generando un impacto en la creatividad de los equipos y las empresas pagan el costo en desempeño, clima laboral y retención de conocimiento crítico.
En este escenario, la respuesta no radica en vigilar al talento, sino en comprenderlo mejor. En los recientes años, por ejemplo, las organizaciones innovadoras apuestan por modelos que combinan análisis humano, metodologías de neurociencia aplicada y tecnologías predictivas para mapear motivaciones, habilidades cognitivas y compatibilidad cultural desde el proceso de selección y durante la experiencia laboral.
Algunas plataformas ofrecen evaluaciones neurocientíficas y modelos de IA, que ayudan a identificar capacidades, motivaciones profundas y nivel de adecuación entre persona y puesto. Con ello, las empresas fortalecen la retención desde el primer día, diseñan planes de desarrollo personalizados y brindan experiencias más humanas y sostenibles.
“El futuro del talento exige una combinación de empatía y ciencia. Escuchar las señales internas, invertir en herramientas que revelen el potencial de cada persona y acompañar su desarrollo es la única forma de evitar que el talento se diluya en silencio. Un buen equipo no se construye reteniendo: se construye inspirando, reconociendo y conectando propósito con crecimiento”, concluye Haydeé Jaime.
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