Empleados que parecen productivos, pero piensan cada vez menos.
El avance acelerado de la inteligencia artificial (IA) ha traído consigo un fenómeno emergente en las organizaciones: los llamados “zombies de IA”. Se trata de empleados que delegan cada vez más tareas a estas herramientas, desde presentaciones estratégicas hasta respuestas en Slack o incluso mensajes personales. Aunque esto incrementa la eficiencia, también plantea un riesgo menos visible.
La preocupación no es el uso de la IA en sí, sino sus efectos en el pensamiento humano. De acuerdo con Hogan Assessments, firma especializada en evaluaciones de personalidad, el uso inadecuado de estas herramientas puede erosionar gradualmente la capacidad de análisis, criterio y toma de decisiones.
“Cuando se utiliza correctamente, la IA amplifica el potencial humano. Cuando se utiliza mal, puede reemplazarlo”, advierte el Dr. Ryne Sherman, Director de Asuntos Científicos de la firma. “El principal riesgo no es la automatización, sino la pérdida progresiva de iniciativa”.
El “zombie de IA” no carece de habilidades; más bien, ha desarrollado una dependencia excesiva. Si una herramienta puede redactar un correo en segundos o resolver un problema de inmediato, la tentación de evitar el esfuerzo cognitivo es alta. El resultado son colaboradores que parecen productivos, pero ejercen cada vez menos pensamiento crítico.
Este fenómeno se da en un contexto preocupante. Según el World Economic Forum, el 60 % de los empleadores a nivel global identifica el pensamiento crítico como una de las habilidades más escasas. Cuando las personas dejan de cuestionar, analizar o decidir por sí mismas, las organizaciones pierden creatividad, innovación y capacidad de adaptación.
Aun así, los beneficios son claros: los trabajadores reportan ahorros de entre una y seis horas semanales, mayor velocidad de ejecución (65 %), mejor eficiencia (49 %), mayor precisión (49 %) y apoyo en la toma de decisiones (39 %). Además, un 40 % afirma que la IA les permite enfocarse en tareas más estratégicas.
No todos los colaboradores enfrentan el mismo nivel de riesgo. Hogan Assessments identifica ciertos rasgos de personalidad que pueden favorecer una sobredependencia de la IA:
Ante este escenario, el liderazgo se vuelve decisivo. Las organizaciones enfrentan un dilema: promover un uso estratégico y consciente de la IA o permitir que se consolide una cultura de dependencia silenciosa.
Las empresas de alto desempeño ya están ajustando sus prácticas. Están priorizando el pensamiento crítico por encima del volumen de producción, fomentando entornos donde el error es parte del aprendizaje y promoviendo una cultura en la que la IA complemente —y no sustituya— el juicio humano.
Este no es un desafío nuevo. Innovaciones como la imprenta o Internet generaron preocupaciones similares en su momento. Sin embargo, la historia muestra que la adaptación es posible cuando se equilibran tecnología y capacidades humanas.
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