A pesar de los estigmas que aún persisten, Maureen Terán, Presidenta y Fundadora de la Asociación Civil Es Tiempo de Hablar, además de conferencista que vive con este trastorno, asegura que una persona diagnosticada puede desempeñarse plenamente en su trabajo, siempre que mantenga un tratamiento adecuado y cuente con condiciones laborales favorables.
Sin embargo, algunos síntomas pueden pasar desapercibidos dentro de las organizaciones o incluso interpretarse erróneamente como señales de alto desempeño. Durante episodios de hipomanía o manía, por ejemplo, es común observar niveles elevados de energía, creatividad y productividad, lo que puede ocultar un desequilibrio emocional.
“Los comportamientos pueden ser muy extremos. Una persona que sale de la oficina a las once de la noche y regresa a las cinco de la mañana podría estar atravesando un episodio de manía. En mi caso fue distinto: tomaba un medicamento que me provocaba somnolencia, lo que me impedía llegar temprano. Aunque mi desempeño era bueno, llegaba tarde con frecuencia y me descontaban parte del salario”, relató.
Durante mucho tiempo, Maureen decidió no hablar de su diagnóstico. “Nadie sabía que tenía el trastorno. Cuando finalmente lo compartí, el entorno no fue empático y decidí renunciar. Por eso creo que las organizaciones deben construir espacios más seguros y comprensivos”, afirmó.
Los entornos laborales altamente demandantes también pueden afectar la estabilidad de las personas con esta condición. Jornadas prolongadas, presión constante y falta de límites claros pueden detonar crisis o agravar los síntomas. En este contexto, destaca la importancia de que los colaboradores establezcan prioridades y comuniquen sus cargas de trabajo, mientras que las empresas deben promover culturas organizacionales basadas en la empatía y el apoyo.
El estigma y la falta de información siguen siendo barreras importantes. Muchas personas prefieren no revelar su condición por temor a la discriminación o a perder oportunidades laborales. A nivel global, se estima que una de cada cuatro personas vive con algún trastorno de salud mental, lo que indica que esta realidad está presente en prácticamente cualquier organización.
“Hace falta mucha más psicoeducación. No basta con cumplir una norma o certificación. En muchos procesos de contratación, si una persona menciona que vive con un trastorno mental, es probable que no sea considerada por miedo o desconocimiento”, advirtió.
Por lo anterior, normalizar la conversación sobre salud mental es clave. “Debería ser tan común hablar de esto como de cualquier otra enfermedad. Si las personas contaran con diagnóstico y apoyo adecuados, los entornos laborales también mejorarían”, añadió.
Más allá de las políticas, el cambio también pasa por las interacciones cotidianas. En espacios donde se pasa gran parte del tiempo, como la oficina, abrir conversaciones genuinas y ofrecer apoyo puede marcar la diferencia.
A través de iniciativas como proyectos de sensibilización, grupos de apoyo y eventos públicos, diversas organizaciones buscan visibilizar la importancia de atender la salud mental como parte esencial del bienestar integral.
“Vivir con este trastorno no es fácil, pero el diagnóstico me permitió entenderme mejor. En ese proceso descubrí algo importante: me siento bien con quien soy, más allá de la condición”, compartió Maureen, quien también impulsa acciones como la entrega de 300 kits de apoyo emocional a personas internadas en hospitales psiquiátricos.
Como parte de estos esfuerzos, este año se realizará la quinta edición de la carrera por la salud mental en Ciudad de México y Guadalajara. Además, el 9 de octubre tendrá lugar el Mental Run Fest, un evento que reunirá a especialistas y testimonios para abordar temas como resiliencia, alimentación y adicciones desde distintas perspectivas.
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