De cara a 2026, se está gestando un cambio claro en las organizaciones que mejor evolucionan: no son aquellas que incrementan los mecanismos de control, sino las que desarrollan una comprensión más profunda de sus equipos. Así lo sostiene Juan Pablo Ventosa, especialista en liderazgo consciente.
Este enfoque implica reconocer las emociones en el entorno laboral, fortalecer la confianza interna y formar líderes capaces de sostener conversaciones complejas sin perder criterio ni claridad. “El liderazgo consciente no es una tendencia; es una respuesta coherente a un contexto en el que las personas esperan ser reconocidas, no solo evaluadas”, subraya.
Para el socio fundador de Human Performance y profesor de EGADE Business School, esta visión representa una oportunidad estratégica para las empresas. “Las cifras son claras: invertir en lo intangible no es un lujo, sino una ventaja competitiva real y medible”, afirma.
En un entorno empresarial dominado por la presión de los resultados de corto plazo, Ventosa plantea una idea central: los mayores costos —y también los mayores retornos— provienen de factores que aún no se miden de forma profesional, como la calidad del liderazgo. Con niveles de compromiso tan bajos como uno de cada cinco empleados, ignorar estos elementos deja de ser una decisión estratégica y se convierte en un riesgo financiero.
El especialista señala que muchas organizaciones continúan gestionando a sus equipos únicamente a partir de métricas tangibles —finanzas, productividad operativa o metas trimestrales—, mientras pasan por alto señales menos visibles, pero igualmente determinantes. “Lo intangible es lo que genera lo tangible”, enfatiza.
“Las empresas se concentran en indicadores financieros y métricas operativas, pero descuidan variables igual de relevantes: la calidad del liderazgo, el clima emocional, la percepción de justicia interna, el nivel de inspiración del líder, la creatividad disponible y la confianza dentro de los equipos”, explica.
A estos factores se suman costos ocultos como el incremento en la rotación, el ausentismo, las licencias médicas y el avance del quiet quitting. “Estas conductas son señales claras de una organización que no logra sostener adecuadamente a sus equipos y compromete su futuro”, añade Ventosa.
Según el experto, la respuesta más frecuente de muchos líderes ante este escenario —más controles, más reportes y más herramientas tecnológicas— rara vez aborda la raíz del problema.
“El compromiso no surge de un dashboard, sino de la calidad de la presencia del líder, de su capacidad de escuchar y de construir un propósito que trascienda lo operativo”, concluye. “Liderar hoy implica medir lo que realmente importa para el desempeño humano; todo lo demás es ruido accesorio”.
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